Una vez superados los primeros minutos de la cinta, en donde el sonido del metal resulta inquietantemente molesto (aunque de importancia narrativa vital), la cinta transcurre con una alargada narración de silencios que pretenden expresar más de lo que aburren y que, con sus intermitentes cambios de volumen y frecuencias, pueden llegar a ser muy molestos.

Sound of Metal – El sonido de lo previsible

Falta originalidad y sobran pretensiones. La historia sigue un esquema narrativo y una historia que ya hemos visto demasiadas veces. Hay que añadir a esto la inquietante molestia sonora que resulta ver la película sin posibilidad alguna de regular el volumen en cada momento.

No obstante, el gran problema de la cinta no es su falta de originalidad sino su alargada narración, a veces con aire pedante y otros planteada desde la prepotencia del que se cree que ha inventado la rueda. Sobran los minutos en esta cinta diseñada para que vivas (y sufras) el tormentoso viaje sensorial del protagonista al experimentar la sordera.

Sound of Metal, sound of Riz Ahmed

Nada se puede decir en contra Riz Ahmed, que plantea con gran acierto un personaje complejo como Ruben, en una constante lucha interna por no estallar, siendo el ruído hasta el momento de su sordera su única vía de escape emocional. Olivia Cooke, por su parte, se muestra constantemente perdida en su rol de Lou, en un estado casi paródico. Pero el gran protagonista no es Ruben, sino el sonido o más bien la ausencia de este.

Sound of Metal, anestesia para el dolor

El toque de gracia se reserva para el final, donde se explica cómo Ruben y Lou por fin encuentran la paz, sin necesidad de gritar al mundo o de rodearse de ruido constante. Porque si algo es el sonido del metal en la cinta es la anestesia a la que recurren los protagonistas para callar su dolor.

¿Merece ser una de las favoritas en los Oscar? Su presencia en la lista de nominadas al Oscar no está justificada salvo que la necesidad de Prime Video por promocionar su cine sea una razón justificada.