Era mi intención hablar sobre Minari pero por razones que me superan he acabado denunciando la muerte del cine y la imposición de una cultura de cancelación que no busca sino implantar la discriminación y la censura.

Claves de los Oscars 2021

Minari es posiblemente una de las mejores películas de 2020 que más injustamente pierda en la noche de los Oscar. Se ha decidido que el cine debe morir en pro de la autosatisfación que debe producir la ejecución de la «cultura de la censura» en los llamados «indignados de Twitter». En un año catastrófico para el cine las favoritas para los Oscar son un ejemplo de cine muerto, hecho por y para complaciencia de cuantas causas sociales puedan albergarse en esta distópica realidad que habitamos. Películas soporíferas como La madre del blues, insulsas como One Night in Miami, absurdas como Borat 2 o de previsibilidad descarada como Judas and the black Messiah son algunos ejemplos de ello.

Destaca por tanto entre tanto tributo a causas sociales Minari como esa pequeña historia que enamora por la sencillez y sinceridad de su relato. No obstante no puedo evitar preguntarme si esta misma cinta sería igualmente alabada si el cast fuera enteramente caucásico. Es un año en el que la tolerancia de sexo y raza ha dominado en la que debiera ser una fiesta del cine y no un panfleto político. Y eso me molesta, me indigna y me destroza el alma. Porque soy cinéfila, porque amo el cine y porque no tolero que este se pervierta para convertirse en un mero instrumento político.

El cine es la forma en la que se cuentan historias. Si estas historias son correctas o no, queda a juicio de cada cual decidirlo. Porque he ahí la belleza de toda historia, el que es invitado a conocerla tiene el poder y la capacidad de enjuiciar si lo que ha visto u oído ha de ser relevante en su vida o si, más aún, debe ser entendido como mero divertimento, ejemplo a seguir o conducta a evitar.

Una historia puede servir para inspirar, para ser tomada como ejemplo o para reconocer lo incorrecto de una actuación. Se nos priva del libre albedrío cuando se censura lo que podemos o no podemos ver, cuando se decide qué historias podemos o no podemos contar. Porque eso, amigos, es censura. Y como en todo caso de censura, ¿quién es quién para decidir lo que se debe censurar?

Parece que la humanidad debiera avanzar pero retrocede. La lucha contra la censura y la tolerancia pierde su batalla hoy en día. La censura vuelve con más fuerza que nunca, siendo unos pocos los que impongan qué pueden o no pensar la mayoría. La tolerancia y la igualdad se pierde cuando se impone que los gustos sexuales o razas de cada cual limiten qué personajes pueden o no interpretar.

Si me privas de decidir por mí misma qué pensar y qué decir, me tiranizas, me censuras y me anulas.

Se dice que un personaje «no blanco» u homosexual No puede ser interpretado por alguien blanco o heterosexual. Eso se considera hoy progresismo cuando no es sino falta de igualdad y razocinio. Porque amigos indignados de Twitter si un heterosexual no puede interpretar a un homosexual, un homosexual tampoco podría intepretar a un heterosexual según ustedes. ¿Eso tiene sentido? Eso es discriminación y algo absurdo en materia de interpretación. Dicen también los indignados de Twitter que los personajes «no blancos» no pueden ser interpretados por actores blancos y tal es el caso que en la película Raya y el último dragón el actor de doblaje fue cambiado para que se ajustase a los criterios de la cultura de cancelación que hoy nos tiraniza y censura, dando a entender por tanto que un actor «no blanco» nunca podría poner voz a un personaje blanco.

La llamada cultura de cancelación es francamente absurda, además de peligrosa porque si a algo tiende es a la tiranía, la censura y el intento de manipular a una población aborregada. Reclamo y exijo que se elimine toda censura e intolerancia a la libertad de contar historias y al derecho de cada cual a interpretarlas por sí mismo.

En contra de la Cultura de la cancelación están personajes tan célebres como J.K. Rowling o el campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov, que firmaron una carta abierta en la que se exponen los peligros de dicha cultura de cancelación y censura.

Derecho a la libertad de expresión artística

El artículo 20 de la Constitución Española regula el derecho a la libertad de expresión de la siguiente manera:

1. Se reconocen y protegen los derechos:

  • a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
  • b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
  • c) A la libertad de cátedra.
  • d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

3. La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.

4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

5. Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.